30,109 notes • 11:29 PM

Escrito el 26 de agosto de 2010:


De repente parece entonces que hablas. Que quieres hablar todo lo que has dejado de decir por sentirte incapaz. Has reconocido que tu silencio no ha sido sólo el silencio del mundo, sino que también ha estado en desacuerdo con el mundo. Quisiste y debiste callar para evitar las demasiadas palabras y el exceso que te dejó exhausta. Fue la saturación, fue un vacío y una nada muy específica de la que no podrías haber encontrado en su momento un sentido porque era cambio, ¿cómo funciona eso? 

Ahora tu miedo al cambio y al olvido te hacen entender el surgimiento de nuevas palabras como todas aquellas que se perdieron en un pasado. Te gustaría que así no fuera. Te gustaría que tu silencio hubiera logrado desprenderse y encontrar sentido de otra forma. Ahora sientes que no has cambiado tanto como hubieras querido, que aunque fuiste huérfana de tus prejuicios no sabes distinguir si los perdiste o si sólo quisiste perderte dentro de alguien más. Las dos. Ahora quieres algo. ¿Quieres “recuperar” algo? reconoces las diferencias entre él y tú, y entre él y tú. Entre ellos. Y tú. Sigues pensando en eso. Ves cómo él ahora te reconforta. Ves cómo él antes te preguntaba. En tu cabeza. En su existencia. Su existencia te preguntaba algo. No sabes cuál escoger. No sabes si debes escoger. No quieres recuperarte. Demian habla del estigma de aquellos que son capaces de lanzarse al vacío, de adaptarse, de aquellos que a diferencia de quienes buscan asilo en la permanencia, estarán solos, caminando hacia su destino. No quieres esa comodidad. No quieres confundir tu estigma con el de otros.

Ahora hablas. Te fuiste de casa y sigues ahí. Cuando escribes un mail, dices, “no vivo acá” y luego lo notas. Llevas acá casi seis meses. No vives acá. Tu cuerpo ha procreado acá y no vives acá. Tu cuerpo lucha por tomar consistencia. Tu cuerpo habla en psicoanálisis y no lo considera una casualidad. Demian no cree en casualidades. Cuando lo leíste, resucitaste algo perdido, esa fuerza, esa idea poderosa que encuentra sentido en el deseo y sus configuraciones extrañas, en algo tal vez metafísico. ¿Habrá sido el sentido perdido que con él sabía a libertad? También sabía a orfandad. A veces lo admiras, no su violencia, su ímpetu y coraje de abandonar algo. Aún no sabes si es digno de admiración, aún no sabes cuánto le costó. Tal vez nunca.

Dudas de si no tienes otra forma de hacer las cosas. Esa en la que debes leer y subrayar y luego anotar para lograr escribir. Primero captar códigos, luego generar alguna cosa. Alguna cosa. No viniste sólo para descansar de tu mente sobrepoblada y darles espacio a sus habitantes. No fue para saber por fin cómo hacer del censo a los habitantes de tus decisiones algo más cómodo. Encontrar una similitud y verte seducida y atravesada por ese personaje tan similar a lo que habías buscado te hace creer que recuperas algo. Te hace poner en riña los tiempos, el del silencio, el de la transformación, y ese en el que aún sentías fuerza y admiración por algo superior, sin referirte al dios que perdiste. Por alguna razón encuentras algo en Demian, por alguna razón algo de él cala más fuerte desde siempre. La forma en la que Demian te resucita.

También dudas de tu duda. De esa insistencia para invalidar los pasos que das. Pero ya no crees. El “ya no crees” se ha convertido en un “volviste a creer”, pero tu mente se ha visto habitada de nuevo, con mayores excusas, con las de la construcción de una vida, que a veces parecieran siempre caer en genéricos. Como si lo bueno y lo malo fueran el bien y el mal. Sufres porque hablar siempre ha implicado un error. Un exceso. Ahora crees que necesitas recuperar una fuerza para hablar de nuevo, para darle la razón a Spinoza y darle vida a las potencias. Por eso escribes de nuevo. También por necesidad. Volvió la necesidad. Pero vuelves a habitarte por el deber al otro, incluso por el algo superior, por esa misma dignidad a la que le asocias un carácter, porque ha sido lo que te ha resucitado alguna cosa. No quieres excusarte por decir lo que piensas y decirlo en aquellos términos en los que la comodidad no tiene espacio. Quieres encontrar un lugar en el que eso exista sin romperte. Quieres liberarte de la culpa y la decencia. Quieres verte comprendida. Quieres la fuerza de aquello que le da sentido a Demian pero también la pregunta que lo libera. Para ti, según tu historia, son contrarias. No quieres el destino solitario del filósofo aun cuando lo sientes enraizado en algún lugar de ti. Tu cuerpo se compone de otros. Pero no quieres habitarte por estigmas ajenos. Llevas en ti el signo de algo que deseas superior y que será lo único por lo que vivir, un hambre, una seducción específica, un hombre que silencioso sabe observar a otro y no tener miedo. Quieres tu voz sin ingenuidad, quisieras no creer demasiado en el yo, nadie que admiras lo admite. Quisieras dejar de creer en eso. Quisieras transgredir, quisieras que tu silencio pudiera ser un triunfo, una diferencia, y no un tiempo para callar la incongruencia y volver a las grietas luego.

Quieres saber qué fue lo que viste. Y verlo otra vez. Quieres hacer algo de esta ciudad, de Buenos Aires. Quieres escribir en los mails que vives acá, mientras vivas acá. Quieres claridad y sientes odio por tu objeto de la nada. ¿Fue él el de la libertad? ¿es acaso sensato oponerlo a otro tan predeciblemente diferente? ¿y callar? ¿y sentirte una ama de casa potencial, con miedo y preferencia por la permanencia?Esa neutralidad que encuentras en el estudiar algo, ir a una universidad y llenar el tiempo con un hacer sólo por callar el vacío, que tiene su objeto, específico, pero desdibujado. No puedes llenar el tiempo con un hacer en el que reconoces ganancia pero que comprende tanta confusión. No quieres seguir negándote al movimiento. No quieres seguir creyendo que el movimiento es sólo hacer eso que todos hacen. Trabajar o estudiar. Quieres leer lo que como Demian te da sentido. Quieres más que eso también.

No sabes aún si deseas, en esa universidad en la que llenarías el tiempo con un hacer, callar el vacío, ni su objeto, tan específico aún cuando está tan desdibujado. ¿Por eso viniste? No quieres empezar en otro lugar del todo. No sabrías por qué lo haces. No aún. Sabes que te niegas. Sabes que necesitas empezar. ¿O no? Quieres resolverte y te quedas inmóvil. Sigues sin entender. No quieres volver, estrictamente y con ímpetu sólo si se trata de nubes grises y buses demasiado llenos.

Pero quieres dejarlo de lado. Quieres encontrar un hacer que no te den tus padres ni tu familia, ni la gente que ves en la calle con traje de oficina y con una vida, hecha, funcional. No quieres un tiempo vacío, vacío, silencioso sólo por estar en desacuerdo con el mundo, quieres un silencio que sea el mundo mismo, si es que te llega. No quieres la culpa por enfrentarte a tu roommate por unos platos sucios. Quieres dejar de temer. No quieres agredir con palabras. Ya no reconoces si hablar y decir lo que deseas, en desacuerdo con las neurosis de otro, es una guerra. Quieres tener las palabras adecuadas y le pedirías al mundo menos ruido, la posibilidad de generar menor ruido. Sin excusarte. No quieres amenazar con el volumen de tu voz, o dar la espalda. No quieres insensatez ni violencia.Quieres seguir escribiendo, pero se hace tarde, y él te espera en tu cama. Sientes la espera. Quieres un punto y aún no lo tienes. Quieres hablar.


*

A once distant character, courageous Eli-sha, awakens the day as a newborn man, struggling battles now closer, spurring words directly to outer space:

E-li-jahhh 

84,859 notes • 1:36 AM